Aguafuertes: una noche con Gaggan

Teniendo ya en nuestras manos una considerable cantidad de nuestras plumíferas columnas, que publicamos en cada edición de la revista Cuisine&Vins, decidimos compartirlas también por esta vía, así pueden disfrutarlas a piacere desde cualquier lugar del mundo. Y hablando de mundo, en esta ocasión les traemos el relato que hace nuestra amiga Marcela Remoli de su experiencia en Gaggan, el prestigiosísimo restaurante de Bangkok comandado por su carismático cocinero Gaggan Anand.


por MARCELA REMOLI
(coleccionista de momentos inolvidables)



Llegar tan lejos como uno se lo proponga. Ese es el atributo que más admiro de una persona, y es lo que me transmitió Gaggan en su capítulo de Chef’s Table. Él quería ser el mejor chef de Asia, quería llevar los sabores de su India natal al resto del mundo; no importó de dónde venía, ni todo lo que tuvo que atravesar para conseguirlo. ¡Se lo propuso y ya!

Mi admiración, sumada a la pasión que tengo por la cocina que representa a sus pueblos, me llevo a Bangkok para ir a conocer Gaggan. Suele ser difícil conseguir mesa en estos restaurantes tan bien rankeados, pero nunca me costó tanto como con este; intenté por todos los canales posibles y parecía que nada daría resultado hasta que la magia de mi amiga Raquel hizo que me llegara un mail que decía: ¨Nosotros en Gaggan estamos felices de cocinar para usted. Los esperamos el 30 de diciembre, 21 hs”.

A pesar del caos de Bangkok llegamos a la hora pactada; apenas bajamos del taxi, vimos como en una especie de oasis una casita blanca divina que invitaba al disfrute. Al dar nuestros nombres en la recepción nos dijeron: “Esperen cinco minutos, que ustedes están en la mesa del chef”.

Automáticamente supe que sería una gran noche. Subimos una escalera al costado del restaurant y nos encontramos con una barra en forma de U que bordeaba una cocina impoluta, armada para apenas 14 afortunados que íbamos llegando de todo el mundo para conocer la evolución de la comida india en su mejor representación.

Sobre la barra de madera lustrada había una hoja de papel manteca con una lista de 23 dibujitos que representaban el menú como si fuera una adivinanza. Tres chefs iban armando platos hasta que de repente entró Gaggan, quien, uniendo sus pasiones, programó desde su teléfono la música que nos iba a acompañar. A los pocos minutos el chef se paró en el centro y preguntó: “¿Están preparados para vivir una experiencia que dure hasta mañana?”. Así empezó la fiesta.

Su clásico “Explosión de yogurt” llegó entre los primeros platos para darnos a entender que todo podía ser superado. Entre mis favoritos estuvieron el “Fish Granola”, un sushi que marcó un antes y un después; y el “Chilly Bon Bon”, un plato de cerdo inolvidable.

Previamente a la llegada de cada plato Gaggan explicaba cómo lo había preparado, su historia, las anécdotas que lo habían marcado y el porqué de lo que estábamos experimentando. Cada paso estaba acompañado por una canción cuidadosamente elegida. Escuchamos Pink Floyd, Led Zeppelin, AC/DC, y cuando llegamos al plato al que nos propuso pasar la lengua exclamando “Lick it up!” sonó el himno homónimo de Kiss.

Los sabores de esa noche son indescriptibles; cada bocado era una explosión de sabor. Gaggan dijo una vez que cada plato tiene su base de sueños, nostalgia y locura, y así lo trasmite su cocina.

Todo tiene su fin, y pasadas las 12 de la noche, cuando los 23 pasos ya se habían lucido, me iba con la emoción de haber conocido a Gaggan y su increíble cocina india. Como no podía irme sin tener una foto con él, lo busqué en el salón contiguo y lo vi sentado con el equipo que nos había atendido durante más de tres horas. Pedí disculpas por interrumpir, les agradecí el gran momento vivido y les pregunté si podía sacarme una foto con ellos para llevarme de recuerdo. Gaggan me mira y me dice: “Nos sacamos la foto, pero vengan a tomar unos vinos con nosotros”. Así empezó el último día de 2017: con Gaggan, tres chicos de Nueva York, una pareja de Noruega, un señor de Luxemburgo, los chefs asiáticos, el sommelier serbio y dos argentinos felices, mi marido y yo. Brindamos por el año que dejábamos y unimos nuestras culturas disfrutando a pleno en el back de uno de los mejores restaurantes del mundo.

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