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Buena Vida

La tentación Bal Harbour

Thierry Boulenger narra su recorrido por Miami, la Hollywood de la costa este. Playa, relax, shopping, gastronomía y oferta hotelera: la fórmula del éxito.

Miami siempre fue un destino privilegiado para los amantes de la buena vida, ya sean argentinos o de otras nacionalidades. Se sabe que esta ciudad cosmopolita con acentos latinos, de importancia global en las finanzas, el comercio, los medios de comunicación, el entretenimiento y las artes, atrae a los numerosos turistas que la visitan cada año por sus múltiples encantos y su energía contagiosa. Promete una estadía de ensueño para los turistas y ofrece la amena combinación del trabajo con un entorno marítimo placentero para los empresarios que concretan allí sus negocios. Quizás Miami Springs, Miami Beach, Coral Gables o Key Biscayne son nombres que le suenan familiares a la hora de proyectarse en el imaginario idílico de esta zona tropical. Pero si Usted se encuentra en la encantadora Miami, por vacaciones o por trabajo, no deje de detenerse entre el 9700 y el 10295 de Collins Avenue: bienvenido a Bal Harbour, un municipio de tres kilómetros de largo que despierta el sibarita que hay en cada uno de nosotros.

Bal Harbour es un pueblo del condado de Miami-Dade (Florida), al norte de Miami Beach, con una población aproximada de tres mil quinientos habitantes. Es la sección norte de la calle 96 de la isla de Miami Beach y está limitada por la costa del océano Atlántico al este y la bahía Biscayne al oeste. Al norte se comunica con tierra firme mediante un puente hacia la playa Haulover y el distrito de North Miami Beach. Al sur limita con el vecindario de Surfside y al oeste con las islas de Bay Harbor. El auge de Bal Harbour empieza en 1955 cuando el norteamericano Stanley Whitman invierte sobre los restos de un campamiento militar de la segunda guerra mundial. El emprendedor, uno de los tantos visionarios que pueblan este maravilloso país de oportunidades, supo detectar las potencialidades que ofrecía la zona y logró convencer al tejano Neiman Marcus de abrir una tienda ahí en 1965. Desde entonces Bal Harbour, que adquirió su autonomía política y jurídica, se convirtió en uno de los destinos exclusivos más frecuentados por los turistas (a 60%) y los vecinos (a 40%) que poseen ahí su segunda o tercera residencia, en donde el metro cuadrado es el más caro de todo el estado de Florida. Su fama reside en los tres pilares que son la hotelería, la gastronomía y la moda de lujo concentrados en muy poco espacio.

El disfrute de hospedarse…

Para asegurarse una estadía placentera, inútil de precisar cuán importante es el lugar de hospedaje. Bal Harbour tiene la ventaja de proponer a sus visitantes una amplia gama de hoteles de lujo que combinan el estetismo, con una preciosa arquitectura bien integrada al océano vecino, y el confort, con todas las amenidades indispensables para la categoría de estas infraestructuras.

ONE Bal Harbour Resort & Spa deja atónitos a sus huéspedes. Al acercarse de este monumental condominio ubicado a orillas de las playas blancas del océano atlántico, uno siente que la primera impresión de majestuosidad que emana del edificio augura sentimientos muy placenteros una vez pasada la puerta de entrada, al lado de la cual está estacionada una colección fascinante de autos de lujo. El hotel, inaugurado en 2009 y parte del selecto grupo Luxury Hotels of the World, es una torre de cristal de dieciocho pisos que cuenta con ciento veinticuatro habitaciones de cuatro tamaños diferentes, desde 47 hasta 260 m2 con terrazas desde 7 hasta 65 m2, todas con vista panorámica de 180 grados sobre el canal y el mar. Su diseño es elegante, contemporáneo con toques asiáticos, y no deja de ser cálido desde cada punto donde uno lo mira. Posee una colección de arte valuada a 5 millones de dólares permitiendo un recorrido visual armónico y sereno que enmarca el trabajo de nuevos talentos como artistas consagrados tales Guy Dill, Jay Mc Cafferty y Darren Wateraton. En total, más de cuatrocientos piezas integran el ONE Bal Harbour, entre oleos, trabajos en papel, fotografías y esculturas, para el mayor placer de cualquier amante del arte. Su estilizado lobby de dos pisos es enmarcado por columnas de Jatoba, las paredes son tapizadas de piel y los pisos son de mármol. Las habitaciones cuentan con amplios living comedor con cocina multi equipada, dormitorio, vestidor y baño ornado de cerámicos, vidrios y maderas del mejor gusto que conjugan los tonos amarronados, cremas y blancos. Poseen todos los equipos y servicios más sofisticados y detalles que hacen la diferencia como sabanas de lino blanco, cafeteras de expreso, y hasta pantallas plasma de TV incrustadas en el espejo del baño. En el Spa, podrá disfrutar de una extensa propuesta de trece variedades de masajes (desde los clásicos sueco “pure relaxation”, thai y con piedras calientes, hasta el “bamboo asian welnesstherapy” de tratamiento ShiTao), nueves cuidados de la piel (oxigenación y regeneración facial, tratamiento con colágeno…), ocho tratamientos corporales y demás servicios de pedicura y manicura, todo en un entorno zen de 900 m2 que cerca el subsuelo del hotel y propician el descanso y la relajación. El acceso a la pileta se hace desde el spa siguiendo un extenso corredor que exhibe prendas y accesorios de marcas de primer nivel exhibidas atrás de vitrinas de vidrio. El espacio pool es inteligentemente concebido y procura placer, ya sea sentado en uno de los numerosos sofás relax de diseño moderno, en las cabañas privadas con colchones confortables y salidas a jacuzzi, o adentro de la pileta curvilínea donde el agua se prolonga por el océano visible, fruto de una sabia ilusión óptica. Esmero servicio de parte de un staff atento a sus necesidades (el muy simpático Edward, entre otros, cuida a qué no le falte nada). Ahí, el ONE Bal Harbour Beach Club, con Yosell a cargo de las mesas, le propone una selección placentera de apetizers (como un plato de frutas tropicales), de ensaladas (la “Greek” con feta, aceitunas, pepinos, cebollas rojas y vinaigrette), de sándwiches y paninis (con bife de lomo, pescado, pollo o pavo) y postres, que podrá acompañar con los cocktails del talentoso Mauricio, como los muy populares mojitos (con Razz o Apple Bacardi, o con sólo las frutas machacadas con limón y menta), la caipiroska tropical (con vodka, kiwi, ananá y azúcar) y otras piñas coladas. Los niños cuentan con un programa de entretenimiento y actividades especialmente concebidas para ellos, como clases de cocina o entrega de juguetes. Entre los servicios adicionales están el baby sitting, la atención a mascotas, el transporte gratuito, hasta el centro comercial, el valet parking, la sala moderna de gimnasio totalmente equipada, y un amplio centro de negocios. El hotel propone un servicio muy personalizado e incluyó, entre sus propuestas innovadoras, un transporte directo hasta el torneo de tenis de Key Biscayne, clases de pilates, encuentros de yoga y el “All-you-can-eat stone crabs”, un evento culinario destinado a festejar el fin de la estación del cangrejo. Si siente que este es su lugar en el mundo, siempre tendrá la posibilidad de adquirir un departamento dentro del complejo, por un precio entre 385 mil dólares y 1,7 millón de dólares. Definitivamente este hotel, “one of a kind”, lleva bien su nombre.
www.oneluxuryhotels.com


Sea View Hotel puede enorgullecerse de ser el primer hotel de Bal Harbour. Edificado en 1948, el hotel, reamoblado y modernizado, está ubicado directamente en frente de la playa por una parte y del centro comercial Bal Harbour Shops por otra; se caracteriza por su estilo europeo majestuoso. Muy (re)conocido por su excepcional y cálido servicio, se posiciona como un hotel donde el huésped se siente “at home”, como en casa, en un lugar no pretencioso pero si lujoso, que recrea un ambiente familiar y hospitalario. Debe su fama a su personal eficiente que asimiló perfectamente las reglas de hospitalidad. Su encanto proviene de su inmensa fachada blanca, su lobby con cuadros, flores y arañas imponentes, sus alfombras coloridas que ornan el interior y sus sillas de madera. Cuenta con gift shop, salón de belleza y sala de fitness. Las habitaciones son confortables, disponen de una amplia vista al océano, y poseen camas king o queen size, o separadas, una gran sala de estar con cocina equipada, baño en suite, amplio vestidor y escritorio. La decoración es de buen gusto con tonos cálidos y pasteles claros. La heladera, el teléfono equipado, la televisión con cable, la conexión Wi-Fi  a Internet y las maquinas a café son algunos de los equipamientos que las integran. Es un lugar privilegiado para las reuniones de negocios con cuatros espacios de distintas capacidades: la Board Room de 75 m2 con una capacidad de cuarenta personas, la Florida Room de 120 m2 con una capacidad de ochenta personas, la Music Room de 160 m2 con una capacidad de más de cien personas puede ser usada in conjunción con la Florida Room, y la Crystal Room de 375 m2 con una capacidad de más de doscientos ochenta personas posee un gran piano más una pista de baile. El personal estará a su servicio para asegurar un servicio óptimo con un catering exquisito y completo. La pileta rectangular, que cuenta con acceso a las playas, está cercada de palmeras, cabañas personalizadas de estilo Key West que mantienen intacto su famoso espíritu, y reposeras confortables. Encontrará diversidad de especialidades gastronómicas en el bar cercano a la pileta, el Emerald Lounge Bar, el Sea View Cofee Shop o el Terrace Room. Calificado a menudo de “charming” por la prensa local, este hotel se caracteriza por contar con una alta tasa de fidelización entre sus huéspedes (la mayoría argentinos que aprecian su confort y calidez, y quizás lo comparan con el Claridge porteño). La flamante creación de un club de vinos, con catas mensuales de vinos de todas las regiones del mundo en este amplio espacio acogedor, constituirá sin dudas un encuentro exitoso concurrido por todos los amantes de la buena vida. Entre las anécdotas destacadas, precisamos que un Senador norteamericano tiene ahí una habitación predilecta.
www.seaview-hotel.com

Quarzo Boutique Hotel, flamante propuesta hotelera en Bal Harbour, seduce por su originalidad y su estética. Ubicado a orillas del canal intracostero que preceda el océano, el hotel mezcla la intimidad y la independencia de un condominio de estilo “home-style vacation” con el lujo cinco estrellas de un hotel chic de Miami. Posee veintinueve suites, o studios, cada una diseñada con un amplio espacio, aplicaciones modernas, y decoración lujosa. Los mostradores de piedra, los pisos de mármol, el mobiliario de colección italiana, las sabanas de lino italiano, la cocina equipada, los tonos claros, y un ambiente de inspiración feng shui con un design de estilo depurado, crean un ambiente acogedor y relajado. Puede elegir entre la master suite de 170 m2 de dos dormitorios con una cama king size y dos camas size, que incluye dos baños privados y un balcón, la suite de 105 m2 de un dormitorio con una cama king size y una cama twin y un balcón, o las junior suites de 30 y 40 m2 con una cama king size o dos camas queen size. Cada unidad está equipada con una cocina completa, grifería de lujo, equipos audio y video de primer nivel y conexión Wi Fi. El hotel está cercado por un lindo jardín de inspiración zen con pasto y una amplia pileta central. La terraza comprende un deck de madera natural y las reposeras blancas con sus respectivas sombrillas y colchonetas naranjas y azul son de diseño ultra moderno. Podrá disfrutar de las comodidades de un beach club, de un spa, de un gimnasio y de un restaurante en el hotel ONE Bal Harbour ubicado justo en frente. Servicio impecable de parte de un personal muy profesional, que sabrá recomendarle opciones de salidas, o incluso contratar un chef para que vaya a cocinar en su suite. Quarzo Boutique Hotel incluye varios packs personalizados, “week end/vacaciones”, “spa”, “románticos”, “familia” y “deporte”, que seducirán cualquier huésped en función de sus deseos y necesidades.  www.quarzomiamihotel.com

El deleite de comer…

Entre los numerosos placeres que promete Bal Harbour no podía faltar el de la gastronomía. Todo “bon vivant” que se respecta debe sentarse en las mesas de los hoteles ONE Bal Harbour y Sea View Hotel, o del centro comercial Bal Harbour Shops, y dejarse tentar por las numerosas propuestas culinarias que florecen ahí.

Mister Collins, ubicado en el hotel ONE Bal Harbour, ofrece un concepto de american cuisine. Los deliciosos panes de queso o de choclo caseros suavizarán la espera de apetizers como los “Freshly Baked Soft Pretzels” (bretzels acompañados con mostaza y salsa cheddar) o “Ahí Tuna Tartare” (tartare de atún con arroz soplado y papas chips); podrá pedir variedades de ensaladas como la “True Classic” (con verduras frescas, pepinos, tomates, queso de cabra y vino tinto) o la “Crab Cake Salad” (con cangrejo, verduras, tomates, pequeños salmones grillados y mostaza) y de sándwiches como el tradicional “Cheeseburger” (con queso Cheddar), el “One Shroom Burger” (con champiñones) o el “Mayor´s Steack Sandwich” (filete mignon revolcado en granos de pimienta y cubierto de rúcula fresca y tomates rociados con queso parmesano). Entre otras opciones están los pescados (salmón con espinacas), y las carnes de vaca, de pollo (con verduras frescas), o de cerdo (el “Pop’s Pork Shop”, una de las estrellas de la carta, es un cerdo acompañado con papas fritas o mashed potatoes con una salsa de manzanas casera). Los productos naturales y de estación  provienen de una finca ubicada a una hora de viaje del hotel. Selección única de cervezas artesanales y carta de vinos, ecléctica y bien ordenada, que incluye más de sesenta referencias de espumosos, blancos y tintos procedentes de Estados Unidos (California), de Argentina, de Chile, de Nueva Zelanda, de Francia, de España y de Italia. Hay algunos vinos servidos por copa que valen la pena probar como “The Fog Dog” (de Joseph Phelps Vineyards ubicados en Sonoma), un Pinot Noir goloso, o “The Prisoner” (de Orin Swift Cellars ubicados en Napa Valley), un corte cautivante de Zinfandel, Cabernet Sauvignon y Syrah mayoritariamente. Servicio impecable de parte de un staff formado en la Johnson & Wales University Culinary School. El lugar es perfecto y muy concurrido para los almuerzos de negocios. Comer ahí de noche a la luz de las velas, con vista al océano atlántico, es imperdible para los románticos. www.oneluxuryhotels.com/dining.php

Le Terrace Room, ubicado en el Sea View Hotel, ofrece un concepto de comida tropical. Si elige comer adentro, la iluminación suave, las sillas tapizadas y los manteles blancos crean un ambiente sofisticado; si elige comer afuera, la terraza permite disfrutar de una linda vista sobre la pileta del hotel. Su Jefe de cocina Bennie encanta a todos por sus creaciones culinarias. La carta incluye una extensa selección de ensaladas, desde la tradicional “Caesar” hasta la “Trio Salad” (con verduras salteadas, pollo, atún, cangrejo, tomates, paltas y huevos), de sándwiches (de ternera, de pollo, de atún, o de pavo acompañados con tomates, quesos y cebollas), y de platos con pastas (“penne”, “capellini” y “lenguini”), carnes de pollo y de vaca, y pescados (salmón, camarones y tilapia) con una rica guarnición de arroz, verduras o papas. Entre las opciones recomendamos el pescado del día como un “shepherd” relleno de cangrejo y camarones; servido con una copa de “Sterling Sauvignon Blanc” de la Napa Valley bien fresco y aromático, el resultado es suculento. La carta de vinos incluye referencias de California, y de los países del nuevo y del viejo mundo. No dude en pedir el asesoramiento del camarero Bobby, siempre cordial y atento. Podrán además disfrutar en frente de la pileta de algunos cocktails preparados por Ann, la amable bartender, como por ejemplo el “Long Island Ice Tea” (con vodka, tequila, ron, gin, triple sec y cola) o el “Fruit Punch” (ron mezclado con jugos de ananá, arándano, naranja y jarabe de granadina). www.seaview-hotel.com/dining-entertainment

La Goulue, ubicado en el centro comercial Bal Harbour Shops, ofrece una cocina francesa orgánica, que privilegia la cocción liviana de ingredientes frescos por sobre materias primas eclipsadas por salsas pesadas poco saludables. Con Jean-Pierre Petit a la cabeza, junto con Gregory y algunos mozos galos que contribuyen a la “french touch”, el restaurante (nacido en New York en 1973) reproduce el concepto de brasserie parisiense del principio del siglo veinte, a tal punto que sentarse en su terraza, con una tenue melodía francesa de fondo y los cuadros de La Goulue - bailarina del cancán parisiense inmortalizada por el pintor Henri de Toulouse-Lautrec - de adorno, es como ofrecerse un viaje imaginario hasta el Paris de la Belle …poque, pero con el clima cálido de Florida. El pan casero es una delicia para esperar los platos a venir. Entre las entradas típicamente francesas destacamos el “soufflé au fromage”, un soufflé de quesos gruyere, parmesano y emmenthal, muy apreciado (Alexandra Guarnaschelli, chef mediática de un famoso restaurante en Nueva York, destacó este plato en la columna The Best Thing I Ever Ate leíble en foodnetwork.com). No podían faltar los “escargots” (caracoles en salsa de manteca con ajo) y los “tartares” (especialidades crudas de carne, de salmón o de atún a elección), las ensaladas “niçoise” (con anchoas, papas, chauchas, tomate, huevos y atún) y “périgourdine” (con foie gras, pato y nueces), o el “foie gras”, casero y marinado en vino Sauternes. Si busca especialidades del mar, recomendamos la “truite amandine” (trucha cocida con salsa de manteca y almendras) o el plato de “moules frites” (mejillones con papas fritas); si se inclina por platos de carnes, sugerimos el “steak béarnaise” (bife de lomo con salsa emulsionada a base de mantequilla y yema de huevo, y condimentada con estragón y chalotas) y el “canard à l’orange” (pato marinado en salsa de naranja). Las papas fritas caseras, servidas en forma de corneta en un pequeño balde, son una guarnición predilecta. Muy buena selección de “croque-monsieurs” (tostados) y de sándwiches variados (como el típico “jambon-beurre” de jamón y queso). La Goulue tiene un menú para niños y diversificó su propuesta con el ingreso de platos a base de pastas. Los “profiteroles au chocolat” (profiteroles de chocolate), “tartes maison” (tortas caseras) o “crème brûlée” (crema catalana) son una delicia de postres para los más glotones. La carta de vinos es ecléctica e incluye varios vinos de Francia, de España, de Italia, de Argentina, o de Chile. Posibilidad de disfrutar de cocktails a base de tequila mexicana Frida Kahlo, según los table-tents visibles en cada mesa.
www.lagouluebalharbour.com


Carpaccio, ubicado en el centro comercial Bal Harbour Shops, ofrece una cocina italiana. Su terraza muy concurrida hace del restaurante el lugar para ver y ser visto. El encanto glamoroso del restaurante resalta los platos italianos presentados en una carta colorida ilustrada con representantes de la Comedia dellarte (La famiglia di Pulcinella) y escenas cotidianas. Extensa selección de apetizers a base de mozarella (“siciliana” con cebollas y hongos, “tre colori” con rúcula, rabanitos y tomates, “inglese” con salmón ahumado y “milanese” con salsa de tomate), de carpaccios de pescado (salmón, pez espada o atún, disponibles igualmente en platos calientes) o de carne (“filet mignon” de bife de lomo) acompañados con escamas de parmesano. Los “Gamberetti and cannellini” (ensalada de camarones con arvejas, arroz y cebollas rojas) y “Carciofi farciti” (alcauciles rellenos con queso fontina) son representativos de una larga propuesta de antipasti. No podían faltar entre los platos principales las carnes de pollo, de “scaloppini” (escalopes de ternera preparadas de distintas maneras como la “Montecarlo” con salsa de crema con hongos y champagne, o la “Portabello” con vino marsala y hongos), y tres estilos de “bisteccas” (solomillos). Los amantes de la cocina italiana se deleitarán con más de diez estilos de pizzas (las clásicas “Margherita”, “Quattro Stagioni” y “Quattro Formaggi” tienen su lugar), cinco “focaccia” (“napolitana” con jamón y mozzarella o “catania” con salchichas, brócoli, espinacas, cebollas y salsa de tomate), más de quince platos con pastas (“fusilli”, “capellini” y “fettucini” para sólo citar algunas), y cuatro “risotti” (“frutti di mare” con frutos del mar o “dolce vita” con camarones, espinacas y queso de cabra). Propuesta sabrosa de ensaladas y de sopas de “lenticchie” (lentejas), de “broccoli and zucchini” (de broccoli y zucchini) o de “pasta fagioli” (con porotos y tomate). Infaltable delicioso tiramisú de postre. La carta de vinos es extensa y recomendamos acompañar estos deliciosos platos con una botella de “Chianti Classico de Rocca delle Macie” o con copas de vino “Antinori Santa Cristina” en su versión blanca (Pinot Grigio) o tinta (Sangiovese), sin olvidar las aguas “Acqua Panna” o “San Pellegrino”.
www.carpaccioatbalharbour.com

Makoto, ubicado en el centro comercial Bal Harbour Shops, propone una cocina japonesa moderna. Abierto apenas hace algunas semanas, ya se convirtió en uno de los restaurantes más frecuentados del centro comercial. No se puede entender su éxito fulgurante sin conocer el recorrido de su dueño Stephen Starr, a cargo de STARR Restaurants, una red de más de veinte restaurantes lujosos ubicados en su mayoría en Philadephia, así como en Atlantic City, New York City (Buddakan fue uno de los restaurantes preferidos de Carrie Bradshaw en la serie Sex and the City), Fort Lauderdale y ahora Bal Harbour. Stephen Starr incursionó en el rubro gastronómico a los veintiún años y se convirtió en una verdadera estrella. Su experiencia previa en la industria del entretenimiento (creó en Philadelphia la Ripley’s Music Hall que recibe varios músicos pop), le permitió entender que el ambiente - con una arquitectura, una iluminación y una música finamente estudiadas - debían ser tan importantes como la comida y el servicio para que los comensales vivieran una verdadera experiencia a la hora de comer. Ha ganado varios premios y fue elegido “Restaurateur of the Year” por el Bon Appetit Magazine en 2005 y por el Zagat Survey New York City en 2007; ese año recibió también The Time Out New York’s Reader Choice Award como “Best New Out-of-Town Restaurateur”. El nombre Makoto se debe a su chef Makoto Okuwa, reconocido por su talento y previamente formado por el Sushi Master Morimoto a la cabeza del restaurante epónimo en Manhattan (propiedad de Starr). Makoto, diseñado por el equipo francés de Gilles & Boissier, es contemporáneo y cálido, y expone a la vista un sushi bar y un robata grill que permite una cocción a alta temperatura con poca sal: como resultado la comida es sana, liviana y retiene todos los sabores de los ingredientes. La carta contiene “raw bar”, veinte “sushi y sashimi” (dos piezas por referencia, y con posibilidad de elegir el mix del chef de treinta, cincuenta o setentaicinco piezas), y varios “maki” (cuatro “traditional japanese rolls”, ocho “american classics” y dos “makoto rolls”). Ofrece además tentadores apetizers como los “roasted shishito peppers” o los “yellow tail tartare” (caviar, nori y wasabi), sabrosas ensaladas y verduras como el “sunomono” (seawed salad, pepino, shiso, tosazu vinaigrette) o el “Okinawa stir-fry” (golden chive, tofu), suculentos platos a base de arroz y pastas como los “chilled udon” (pollo salteado con pepinos, mostaza japonesa y maníes) o los “frosty kobe fried rice” (arroz salteado con foie gras, shichimi y huevo jidori), y a base de carnes como el “kurobuta pork belly” (Tokyo scallion, micro chives, pork cracklings) o los Makoto premium Wagyu steaks de carnes “Tajima”, “Kurosawa” o “Kobe”. Amplia selección de especialidades marítimas con los “crispy shrimps” (camerones grilladas con kimchee aioli y pea sprouts) o el “ponzu salmon” (salmón con hongos y chalotas y umami aioli). No deje de saborear las grilladas del robata “chicken tsukune meatball” (pimiento sansho) o “king crab” (cangrejo con mostaza miso). Sino, siempre tendrá la posibilidad de pedir los platos preferidos del principal crítico gastronómico del restaurante, Stephen Starr “himself”: el “crispy sushi rice” y el “Kobe beef stir-fry” que resaltan los contrastes caliente-frio, dulce-salado o chicloso-crujiente de la comida, como una experiencia yin-yang culinaria (tal el “tuna tataki” condimentado por el chili y suavizado por la palta). Muy interesante carta de vinos de varias partes de mundo con, por qué no, la posibilidad de maridar los sushis con un famoso Torrontés salteño.
www.makoto-restaurant.com

Last but not least, en Bal Harbour Shops podrá también recorrer los famosos locales Santa Fé News & Espresso, Segafredo Zanetti Espresso Café, The Newsstand by Books & Books, y Zodiac Cafe at Neiman Marcus para disfrutar de sus respectivas especialidades.

El placer de comprar…

Bal Harbour Shops es ante todo un paraíso artificial para los amantes del shopping. El diseñador reconstruyó ahí, a tan pocos kilómetros de los imponentes edificios de la ciudad, una especie de edén al aire libre sobre dos pisos, orneado con peceras que albergan una extensa cantidad de peces exóticos y con un maravilloso abanico de plantas y flores tropicales, como palmeras y orquídeas. El agua omnipresente forma parte del entorno local con fuentes que provee los deliciosos ruidos. La intención está clara y la magia opera: cuando una entra y pasea por este espacio acogedor, vuelve al paraíso perdido en busca de la felicidad y de la ingenuidad procuradas por el mero acto de compra.

Pero el escenario no eclipsa los protagonistas que representan la principal atracción del lugar: más de sesenta tiendas de ropa de lujo para mujeres y hombres (entre las cuales están las principales marcas como Armani, Chanel, Dior, Dolce & Gabbana, Ermenegildo Zegna, Escada, Fendi, Gucci, Hermes, Lanvin, Louis Vuitton, Oscar De La Renta, Prada, Ralph Lauren, Salvatorre Ferragamo, Versace, Yves Saint-Laurent o Valentino, para sólo citar algunas de ellas), siete tiendas de zapatos (de los famosos creadores como Giusuppe Zanotti o Jimmy Choo), diecisiete joyerías (Bulgari, Cartier, De Beers, Graff, Tiffany & Co o Van Cleef & Arpels, entre otras), y dos tiendas de compras (Neiman Marcus y Saks Fifth Avenue que han popularizado el lugar internacionalmente), a las cuales se suman una tienda de ropa para niños, otra de accesorios para la casa y demás servicios, estimulan la vista tanto como despiertan nuestras vanidades asumidas. Las más de ciento veinte boutiques de Bal Harbour Shops esperan los seguidores de las últimas tendencias, que serán asesorados y guiados por un personal dedicado altamente calificado para las circunstancias. Las tentaciones son numerosas y prometen un momento inolvidable entre las últimas creaciones de los diseñadores más prestigiosos del planeta en una superficie de tan sólo 46.000 m2. Se podrá además apreciar la atmosfera de tranquilidad y de civilidad que reina ahí, aislado del tumulto que provocan otras arterias comerciales.

Los números corroboran el éxito creciente que conoce Bal Harbour Shops: en 1997 la venta total de las tiendas instaladas ahí sumaba trescientos millones de dólares y el promedio de venta por metro cuadrado era de mil dólares, cinco veces más que el promedio nacional. En 2006 Bal Harbour Shops se convierte en el lugar de Estados Unidos con más concentración de marcas de joyerías y relojes de lujo, en 2007 el promedio de venta por metro cuadrado era de mil ochocientos treinta y ocho dólares, cuatro veces el promedio nacional, y en 2008 el promedio de venta por metro cuadrado superaba dos mil dólares, cinco veces el promedio nacional. Según The Women´s Wear Daily, era en 2002 - y sigue siendo - el centro comercial más rentable de Estados Unidos delante de The Forum Shops en el Caesar’s Palace de Las Vegas y el Ala Moana Center en Honolulu. Incluso durante los meses de marzo y abril 2011 vendió más por metro cuadrado que en la Ciudad de Nueva York. Se entiende que Bal Harbour Shops es desde el inicio de sus actividades el espacio de todos los superlativos. www.balharbourshops.com

En Bal Harbour se dará cuenta que todos sus sentidos son permanentemente y exquisitamente solicitados; El lugar, ideal para el ocio, el disfrute y la relajación, está pensado para satisfacer a todas aquellas personas epicúreas para quienes vida y placer son sinónimos, y buscan en ella lo estético y lo refinado. Quizás la mejor síntesis se da mirando la imagen en blanco y negro del famoso fotógrafo Rodney Smith que ilustra los medios promocionales de Bal Harbour. Este es el retrato de una joven y atractiva mujer elegantemente vestida con un largo vestido negro con tajo, pies descalzos en la arena de la playa. Retiene con su mano izquierda su amplio sombrero y deja la derecha descansar sobre su cadera. Desde su vestir y su pose elegantes, hasta su rostro relajado, su leve sonrisa y su mirada perdida en el océano, todo sincretiza en la bella fotografiada los encantos glamorosos de Bal Harbour. Uno puede fácilmente imaginar el placer que ella conoció al hospedarse en las maravillosas suites que pueblan la Collins Avenue, al comer las delicias que proponen los restaurantes locales y al satisfacer sus deseos de ver su belleza natural realzada por las ultimas prendas y joyerías de moda. No se podía haber encontrado mejor ilustración. Para experimentar este mismo estado, sólo hace falta ahora tomar el avión y dirigirse hacia Bal Harbour, una pequeña comunidad exclusiva y elegante que esboza a la perfección el arte de vivir.

Datos prácticos: vuelos directos todos los días entre Buenos Aires y Miami, vía American Airlines, Lan Argentina o Aerolíneas Argentinas. La municipalidad se encuentra a treinta minutos en auto de Miami International Airport. Para más información sobre las propuestas y las actividades de Bal Harbour, puede consultar los sitios www.balharbourflorida.com y www.balharbourgov.com

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